[ Espeleología ]

Entrevista a Rafael Pla

Nací en 1933 y a los 10 años inicié mi vida deportiva: pequeñas excursiones iban forjando en mi el interés por nuestro entorno. Del montañismo puro pasé a la gimnasia, a la lucha libre y grecorromana tan en auge en los años  48—50. En la espeleología fui iniciado antes de mis 10 años, yendo con un familiar a las cavidades de la sierra del Mongó, de fácil acceso. La cova del Aigua, la Cova Tallada, La cova de Beniamequí… Aunque me impactaron, mi corta edad y el desconocimiento de esta práctica deportiva, ralentizaron mi incorporación en ese mundo de las tinieblas.

En la década de los 50 me entregué a la escalada, pero no era lo mío, después de tres caídas mortales decidí pasarme a la exploración subterránea. La Cova Juliana, cercana a Alcoy, fue mi bautismo como espeleólogo. Un grupo de cuatro chavales formamos el “Grupo ARMER”, contando con una cuerda de esparto de unos 15 m. y gorros de montaña como casco. Con el entusiasmo de la insensata juventud, iniciamos la exploración de la emblemática cueva Juliana cuya iluminación base eran unas 20 cajas de cerillas.  La primera tentativa fue muy emocionante, pero teníamos que solucionar la iluminación. Pasamos a los cirios que troceados previamente nos iluminarían la entrada y la salida y así descubrimos la “Ermita”, alcanzando incluso el “Pouet”, distante de la entrada unos 130 m. Tampoco nos satisfacía lo de los cirios y decidimos ahorrar el dinero posible que nuestros padres nos daban para el fin de semana, para comprar linternas, que una vez adquiridas nos llevaron de cabeza a la cueva descendiendo aquella “enorme sima” de 4 m. de profundidad.

Hasta este punto la cueva había sido explorada por otras personas en busca del río subterráneo, a partir de aquí fue cosa nuestra.

El acontecimiento de la exploración de “l’ Avenc de Cuatretonda”, aportó conocimientos y material al Centro Excursionista de tal forma, que el “Grupo Armer” formado por J. Carbonell, S. Baldó, C. Blanquer y yo, se aboco a una frenética búsqueda de cavidades que eran exploradas y topografiadas  sistemáticamente obteniendo un amplio dossier espeleológico.

Con estos acontecimientos llegaron las escaleras de madera y cuerda de 15 m. de largas y 7 kilos de peso cada una, las cuerdas de cáñamo, los cascos y los carbureros que revolucionaron la iluminación. Mas tarde los descendedores, llamados “yoyo” por el vaivén del espeleólogo al descender, debido a la enorme elasticidad de las cuerdas, de más del 30%,  los arneses, el Croll, el puño, las cuerdas estáticas  etc. dieron como resultado que la exploración subterránea consiguiera ser segura y agradable, reduciendo los grupos de exploración, de decenas de personas que formaban los complejos equipos de “superficie”, de “apoyo y de “profundidad”, que para el Avenc de Cuatretonda y la sima del Estret, de Ebo, llegaron a ser más de 30 personas,  pues el único medio de poder salir de los pozos tenía que ser la fuerza humana, y en cada equipo de apoyo tenían que ser suficientes para sacar un peso de 70 k. tirando de una cuerda que se deslizaba sobre un mosquetón, para al final rescatar al equipo de profundidad.

Así las cosas y con “moderno” material, participamos en  1958 en la “Primera Expedición Espeleológica Internacional” en la cueva de Ojo Guareña (Burgos). Con  J. Navarro y R. Segura Formamos un buen equipo que nos permite obtener la experiencia de la exploración de un coloso subterráneo y, los periódicos de todo el mundo hablan del equipo alcoyano que descubre importantes galerías, obligándonos a hacer campamento en la cueva para lograr pasar la zona de los Gours, lo cual enloquece a la prensa y nos lleva problemas con los espeleólogos burgaleses.

Tras esta expedición y conocida esta impresionante provincia eminentemente espeleológica, tropiezo con quien sería  mi compañero y amigo de toda la vida, Fco. Pavía, con quien realizo las expediciones mar emocionantes, tanto en  Alicante como en Burgos, destacando la exploración de la cueva del Níspero, Bricias, Piscarciano y de nuevo Ojo Guareña donde hacemos una permanencia de 10 días bajo tierra. Al a sazón descubríamos la cueva de los Chorros en Albacete, a donde organicé varias expediciones alcoyanas. Como colofón de estas expediciones cruzo por primera vez el “Sifón Terminal” hoy Vera, dando paso a nuevas y emocionantes expediciones, tanto de la Sección de Espeleología del C. E. de Alcoy como de otros grupos  que se entregan  de lleno a la “conquista” del coloso albaceteño.

Otro de los pasos que dieron energía a mi vida espeleológica fue la participación y rescate de los espeleólogos alicantinos atrapados en Hundidero Gato ya que tras varios días de intensos esfuerzos de otros grupos, tuvimos la gran suerte de llegar un sábado al amanecer y a las 36 horas  de titánico esfuerzo haberlos rescatado. Quiero exponer claramente la importancia de encontrar al equipo de espeleólogos de “La Estandart” de Madrid dirigido por  Sorli , gracias a los cuales fue posible una rápida y fructífera acción, dando como resultado el rápido rescate de estos compañeros.

Difícil  es resumir en dos páginas mis actividades espeleológicas en 65 años, que prácticamente necesitaría hacer un grueso libro. Mi mayor sima descendida fue la “Tete Savas” (Cabeza Salvaje) a mis casi 65 años y la travesía desde la boca de la cueva de la Piedra de San Martín a la base de la sima que inicialmente fue escenario de una gran gesta protagonizada por los espeleólogos franceses.

La exploración de la sima de  “Lonnet Peiret” de casi 600 m. de profundidad y permanencia de 10 días en sus gélidas galerías (2ºC) fue otra experiencia inolvidable.

Mi mayor satisfacción es el trabajo que desde hace 10 años estoy haciendo, “El Catálogo de Cavidades de la Provincia de Alicante” pionero en la publicación por Internet  y que jamás finalizaré  por sobra de años que cargan mis espaldas, pero que resumen en sí, toda mi dedicación a la espeleología deportivo-científica y cuyo legado son ¿Cómo no? para todos los espeleólogos del presente y del futuro.

A mis setenta y ocho años, sigo con la misma ilusión del pasado, aunque las galerías ya me parecen grietas y los pasos estrechos me dan pánico. Solo disfruto del descenso de pequeñas simas de hasta 40 m. aunque pienso mucho en el esfuerzo de la salida...

AVENC DEL MARQUES

En 1955 se recibe en el Centro Excursionista una carta del alcalde de Relleu invitándonos a explorar una profunda sima situada en lo alto de la sierra del Cabezo d’ Or, que ellos denominaron de la “Caseta del Marques”. Al parecer un afincado marques de aquellas tierras en el pasado siglo XIX buscaba el “oro” del Cabezo, siguiendo una vieja leyenda de tesoros árabes enterrados. El alcalde
también lo pensó así, pero con más criterio quiso asegurarse de que podría estar bajo aquella gran sima sin tener que arriesgarse.

En aquella época se usaban ya cuerdas de cáñamo y escalerillas de cuerda, lo que obligó en la aproximación a recurrir a los mulos de transporte que tantas veces empleábamos.

Un grupo de seis espeleólogos iniciaron la exploración en una sima desmoronada y curiosamente equipada con escaleras de troncos, ya medio podridos. Los desplomes eran tan frecuentes que debíamos bajar uno por uno mientras los demás quedaban inmóviles, parapetados en los rincones más apartados de la vía de descenso. Tras cinco horas de exploración, con 1 quipo de superficie, 2 de apoyo y uno de profundidad, se alcanzó la base de la sima calculando los –115 m. Desde luego no se encontró oro, pero si 2 candiles de aceite con su mecha forjados en barro de la misma cueva estratégicamente dispuestos para una precaria iluminación y otro de lata, ya prácticamente desecho por la oxidación. Al final de la sima y en un tramo de unos 15 m. las paredes estaban reforzadas por márgenes y en el fondo una azada daba fe del trabajo realizado por los intrépidos buscadores de oro. El misterio del oro fue desvelado aunque años después aún había gente que no estaba convencida. Destruir una leyenda resulta muy difícil y desolador para quienes creen en ella.

Este hallazgo nos lleno de satisfacción, pues estábamos convencidos de que el oro no aparecería pese al dicho de: “Cabezón de Oro Cabezón de Oro, ¡quien te pillara solo!”

CUEVA DEL CANALOBRE

Otra de las cavidades misteriosas dignas de tener en cuenta fue la del “Canalobre” o “Canalobres” (estalactitas, estalagmitas, banderas…, y en general formaciones calcáreas que sobresalen de las paredes, techos y suelo en las cavidades naturales)

En un principio y antes de que se practicara el túnel de entrada artificial, allá por el año 1936-37, a esta cavidad se entraba por una boca situada a unos 30 m. de desnivel, actualmente localizada sobre la gran plataforma de hormigón. Sus primeros exploradores que se sitúan anteriores a 1844 buscaron en sus entrañas los tesoros unos y el río subterráneo otros. La exploración, que jamás fue
completa, no solo debió ser una gran gozada por el descubrimiento de la enorme sala que alberga las altas torres calcáreas que en aquella época ocupaba toda la gran caverna. El descenso a base de una soga, posiblemente de esparto, tirada a un abismo desconocido y tenebroso, daría sin duda la emoción más extraordinaria que un aventurero pudiera tener. Envidio a este intrépido hombre o mujer que por primera vez rasgara las eternas tinieblas del “Canalobre”.

Ya abierto el túnel y montada la plataforma de hormigón, halla por el año 1960 la cueva fue escenario de reuniones y charlas espeleológicas. Entre los años 1960 y 1962 R. Pla y C Sempere del C.E. de Alcoy alzan un primer plano, tras una exploración a fondo en la que se alcanza la base de una sima de más de 20 m. de profundidad. La cueva ya abierta al turismo, en 2006 R. Pla y F. Pavía vuelven a rehacer la topografía con material topográfico más moderno.

En la publicación del “Catálogo de Cavidades de la Provincia de Alicante” se detalla una amplia información de esta cueva desde los primeros exploradores.

¿Qué tiene la espeleología para que sea tan atractiva y nos enganche?

Vamos por partes: La espeleología como deporte no tiene nada de atractiva ni engancha a nadie más que a los jóvenes ávidos de protagonismo, por este motivo muchos se inician y muy pocos siguen. El mundo de las tinieblas es un lugar inhóspito,  peligroso, en general muy poco atractivo y desagradable para el ser humano. Pero existe en él algo que absorbe a pocas personas, y no es otra cosa que el descubrimiento y estudio de ese nuevo universo, “EL MUNDO DE LAS TINIEBLAS”.

Ese espacio en el que jamás ha visto la luz del sol, cuyas criaturas pululan libres entre el fango y la humedad, en el que la evolución del globo terrestre forma los embriones de un futuro gran abismo, en el que los elementos externos e internos moldean aquellas grietas hasta formar largos corredores, amplias salas, enormes bloques que se desgajan de los techos, ese mundo que es el hábitat de ciertos mamíferos, de ciertas plantas, en las que los ríos surcan en ocasiones veloces entre profundos valles o forman inmensos lagos o simples charcos donde la vida se desarrolla casi inexplicablemente etc. etc. o sea un universo que puede ser investigado, estudiado e incluso poetizado en las impresionantes formaciones cristalográficas  que se desarrollan en sus amplios espacios. Esto si que absorbe, esto si que embelesa atrae y cautiva al espeleólogo. Estos si que quedan absortos por las eternas tinieblas y dedican su existencia a la espeleología, estos si que se les puede llamar ESPELEÓLOGOS con letras mayúsculas.

¿Que cueva nos recomienda para iniciarnos y que cuevas deberían conocer todo alicantino amante de la espeleología?

Ninguna, las cuevas no inician a nadie, solo el interesado debe escoger: Hacer un cursillo previo en el exterior, estudiar la superficie terrestre, la geología y la tectónica y en general entrar a pequeñas cuevas, aprender topografía y, si sigue gustándole, iniciarse en las técnicas de exploración, sus monitores le dirán que cavidades son idóneas para su preparación.  Por supuesto son importantes los exploradores, que también entra en la denominación de espeleólogos, pero con el conocimiento básico de la formación del mundo subterráneo, sus esfuerzos, que no son pocos,  serán más fructíferos.

Por lo que se refiere a las cavidades que debe conocer todo alicantino: Las cuevas turísticas, que para eso están, pero jamás un neófito debe adentrarse a ninguna cavidad, primero por su peligrosidad y después porque al no apreciar las maravillas subterráneas destrozan, a sabiendas o involuntariamente muchos equilibrios naturales.

¿Cuántas cavidades hay en la provincia de Alicante?

Es casi impensable, podemos decir que hay centenares o miles, por nuestra parte consideramos que hasta que el catálogo no incluya unas 1500 a 2000 cavidades no podremos decir que está casi completo.

¿Cómo podemos colaborar aportando información para el CATA?

Cualquier información sobre la existencia de una cavidad es más que suficiente, pero si además se nos puede informar de su situación aproximada, o se nos puede acompañar al lugar donde se encuentre, si además se añade su historial de exploraciones, sus leyendas, su plano, su descripción etc. etc. la ayuda sería inestimable. No obstante con indicarnos de su situación es más que suficiente y para ello pueden dirigirse a la dirección electrónica rafaelplasal@gmail.comrafaelpla@hotmail.com y nuestra página es cuevasalicante.com.

Por lo que se refiere a la posibilidad de ir a cualquier lugar donde se pueda catalogar una nueva cavidad, una vez puestos en  contacto por correo electrónico, podremos quedar por teléfono para la fecha y hora de la actividad.




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